La Luna de Miel: Elefantes y Monos


El plan para nuestro ultimo día en Bali era empezarlo bien temprano con un paseo en Elefante. Luego continuar con una visita al Templo de los Monos (Monkey Temple), para acabar el día visitando la ciudad de Ubud, y a ser posibles realizar algunas compras.

Nos despertamos temprano y tuvimos y rápido desayuno. Al final nos retrasamos un poco porque Marcela tenia que hacer unas gestiones para su licencia de Agente de Ventas de Casas, y había algunos problemas con el acceso a la web para poder hacer el pago. Al final tuvo que llamar a California y conseguimos llegar por los pelos, justo cuando llegaba el transporte para llevarnos al tour de Elefantes.

Antes pasamos por otro hotel camino de Ubud para recoger otra pareja antes de llegar a las instalaciones del Safari de Elefantes. Tardamos cerca de una hora cuando llegamos a la entrada. $172 por la entrada para los dos, la cual incluía un paseo en Elefante y un ticket de comida para cada uno.


Curiosa la entrada al Safari de Elefantes!
Una de las cabañas en donde poder alojarse en el hotel dentro del Safari.
Como no podia faltar en cualquier lugar dedicado a los elefantes, Ganesh.

El complejo no parecía muy grande, a pesar que dentro había un hotel para poder tener una convivencia mas cercana con los Elefantes. Ademas podías tener otras actividades con estos paquidermos, como darte un baño con ellos, pero decidimos concentrarnos solamente en el paseo.

Dimos un paseo por todo el area, y llegamos a la zona en donde puedes alimentarlos con distintos tipos de ramas de arboles, y parece que les gustan más las más dulces. estuvimos allí por un buen rato, y al final uno de ellos en muestra de gratitud le puso una corona de flores a Marcela. Muy tierno y hermoso.


La esposa con el elefante.
El marido con el elefante, quizás demasiado cariñoso!
Al final el elefante nos puso la corona de flores para celebrar nuestra reciente boda.

Cerca de las diez de la mañana nos llamaron para nuestro paseo en Elefante, así que no pudimos asistir al show que tenían a las diez y quince.

El paseo duro más de media hora. Salimos del complejo y caminamos por la jungla que lo rodea. El paseo fue con bastantes baches y saltos. Estábamos sentados encima del Elefante en una silla, la cual no hacia más que mecerse de lado a lado o de arriba a abajo con el paso del paquidermo. El paseo acabo cruzando un pequeño lago en donde se bañan los Elefantes, el lugar ideal para que el Elefante sacara agua por la trompa y te hicieran la típica foto a pagar. Y claro esta, estando de luna de miel, pues que vas a hacer. Nosotros decidimos la versión en camiseta, una para Marcela y otra para mi.


Subiendonos al elefante, todo listo para el paseo!
En mitad del camino.
Tipico splash del elefante al final del paseo, con foto-camiseta incluida!

Antes de que empezara el siguiente show decidimos aprovechar para comer así que nos quedara mas tiempo para el resto de nuestras visitas. La comida fue un buffet bien normalito, nada especial, pero bien surtido y rico. El típico que te puedas encontrar en cualquier hotel turístico del mundo.

El show de elefantes empezó a las doce y media del mediodía. Varios Elefantes se dedicaban a hacer equilibrios, jugar al baloncesto o al futbol y alguno que otro mostraba sus talentos artísticos con el pincel y la pintura. Nada especial, típico show de animales, apenas duro unos quince minutos.


Empieza el espectaculo, sientense en sus asientos.
Ni Michael Jordan!
Descubrimos al nuevo Miro en Bali.

Saliendo del safari y buscando por nuestro taxi, perdí a Marcela por el camino a la entrada del complejo. Parece que ella fue directamente al taxi mientras que yo la buscaba como loco por dentro y por fuera del Safari. Estaba ya desesperado cuando el taxista me comentó donde estaba, que suspiro de tranquilidad!

De vuelta en Ubud, primero dejamos a la otra pareja en su hotel antes de que nos llevara hasta el Templo de los Monos. Y la verdad es que no podría tener mejor nombre, porque ese templo esta realmente atestado de monos, y algunos de ellos no son muy amigables que digamos.


A la entrada del Monkey Temple.
¿Quien dijo que a los monos no les gustaban los plátanos?
Los monos aquí no se andan con chiquitas a la hora de conseguir bananas.

Marcela compro unos plátanos a la entrada del templo. Mientras que ella iba a los servicios yo me entretuve en la entrada intentando darle una banana a uno de los monos, pero parece que este no tenia bastante con una y quería todo el racimo y sus dientes parecían de los más peligrosos. Se lo comente a Marcela y le dije que tuviera cuidado con los plátanos.


Dentro del templo, lo que más vamos a encontrar, son monos, como no podía ser de otro modo.


Estampa familiar.
Detalles del Monkey Temple.

El templo era realmente maravilloso, y ademas todo los macacos le daban realmente un aire de película de aventura. Le hice a Marcela una foto con un mono en el hombro. Estaba la pobre bien asustada, porque el mono se puso un poco nervioso y no sabía muy bien como iba reaccionar.

Lo cierto es que los monos se la pasaban peleando entre ellos y gruñéndose, y desde luego no tenían ningún miedo de los turistas ni de hacerse con cualquier tipo de chuchería de sus mochilas. Al final uno de ellos tuvo la osadía de saltar a mi espalda y birlarme un paquete de chicles que llevaba en un lateral de mi mochila, en un bolsillo exterior abierto.


Al principio parecen amigables, pero parece que cualquier cosa les puede irritar, sobre todo si tiene relación con la comida.



Uno de los pabellones en el templo.

Trabajando en equipo.
Un momento de relax.
El templo, con o sin monos es una maravilla.

Acabamos en el manantial del templo, en la parte más baja junto al rio, en donde a parte de los monos teníamos millares de mosquitos a nuestro alrededor.

Una vez recorrido el templo de los monos nerviosos, fuimos a pasear la cuidad de Ubud. Intentamos encontrar la zona del mercado, fundamentalmente para las compras. La zona del mercado es la más turística, y allí puedes encontrar tiendas de los productos mas típicos de Bali, y por supuesto, un montón de camisetas. Además había bastante restaurantes, hoteles, spas y cualquier otro servicio para el turismo.


Paseando por el mercado de Ubud.
Entrada de una casa la cual puedes alquilar para unas vacaciones, vaya entradita.
Templo en las calles de Ubud.

El día estaba empezando a calentar. A pesar de que esta zona no era tan calurosa como en el sur, el sol estaba pegando fuerte. Paramos en un bar-spa muy mono para tomarnos un cocktail. El lugar era muy gracioso, con muebles y decoración típicamente hindu. Aprovechamos el "Tomate un cocktail, y el segundo es gratis". El que más nos gustó fue el Mojito de Fresa.


Tomando un refrigerio.

Seguimos nuestro paseo por el mercado. Después de mirar un poco por aquí y un poco por allí, nos paramos para empezar a pensar que teníamos que comprar y a quien.


No cabe duda lo peculiar, original y artístico de la artesania de Bali.

Ya teníamos unos cuantos pantalones cortos, bolsas, camisetas para mujer y casi al final y muy cerca del cierre de las tiendas, a eso de las seis o seis y media de la tarde, conseguimos las camisetas que queríamos. Más tarde nos hicimos con un magnético para nuestra nevera (tradición que tenemos de comprar un magnético cada vez que vamos de vacaciones) y un frasquito con esencia de frangipani, que tanto le había gustado a Marcela desde que llegamos a la isla. Al final se nos hizo muy tarde para poder comprar una mascara como queríamos para nuestra colección en la pared del salón.


Como no podia faltar mi típica foto en mitad de la calle.

Cerca del mercado encontramos un montón de restaurantes, muchos muy curiosos e interesantes, pero de camino vimos que en el Ubud Palace en el centro de la ciudad iba a haber esa noche danzas tradicionales balinesas. 80.000 rupias por persona era el precio de la entrada. No estábamos muy seguros de ir, todavía no habíamos cenado, parecía haber mucha gente, no era muy barato, pero al final pensamos que esas oportunidades solo pasan una vez en la vida, y esa era nuestra ultima noche en Bali, así que mejor manera de despedirse que con unas danzas en un autentico palacio.

Conseguimos una tercera fila, una cerveza para Marcela y una Coca Cola para mi y una hora y media de increíbles danzas balinesas en la entrada del palacio de la ciudad, a la luz de la luna y de las antorchas. Todavía se me ponen los pelos de punta de la emoción con la que seguimos los bailes, los colores de los trajes, los cantos de los actores, la pasión y la música. Indescriptible.


Los bailarines, los gestos, los movimientos, el color, el sonido, el entorno, inolvidable!
Los bailes tuvieron lugar en el Ubud Palace, que mas podíamos haber pedido para nuestra úlima noche en Bali.
Los bailes estuvieron muy variados, la hora y media se paso en un santiamen.

Al acabar los bailes buscamos algún lugar donde poder cenar algo. No muy lejos realmente, como que estaba en al esquina de enfrente del Palacio. el restaurante tenía música en vivo, así que allí disfrutamos de unos cocktails, varias tapas y una hamburguesa para cerrar.

Serian cerca de las diez y media de la noche cuando decidimos volver al hotel, cansados después de un agotador pero maravilloso último día en Bali. Nuestra luna de miel daba a su fin.



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